Olga Deleito

Farmacéutica con amplios conocimientos en nutrición y dietética y su relación con distintas enfermedades. Coaching Nutricional acreditado. Nunca me canso de aprender y en esta profesión eso es algo inevitable.

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Tras la vuelta de las vacaciones reanudamos nuestro repaso pendiente, para acabar con las vitaminas y poder empezar con los minerales.

La vitamina E es una vitamina liposoluble presente en muchos alimentos. Su función principal en el organismo es como antioxidante, ayudando a las células a protegerse de los posibles daños causados por los radicales libres que se forman en todo proceso químico. Además de ello, la vitamina E es muy importante para estimular el sistema inmunitario, ayudándonos en todo momento de sufrir infecciones. Aunque tiene alguna acción más dentro de nuestro organismo, éstas son las dos fundamentales.
Como ocurre con todas las vitaminas los requerimientos nutricionales difieren en función de la edad o situación física (embarazo, lactancia,…).
Pero, ¿qué alimentos son los más ricos en vitamina E?. Como ya sabemos cada alimento tiene mayor cantidad de unos nutrientes que de otros, y es por ello por lo que se recomiendan las dietas variadas, para obtener todos los nutrientes con las mejores características como ya os comenté en otro post anterior que os enlazo. Pues bien, alimentos ricos en vitamina E podemos encontrar:
– Los aceites vegetales, aunque particularmente sigo prefiriendo el aceite de oliva virgen extra.
– Algunos frutos secos como las avellanas o las almendras, y también las pipas de girasol.
– Algo quizás más intuitivo son las hortalizas de hoja verde, como la espinaca o el brócoli.
– Muchos productos de desayuno están enriquecidos con vitamina E (cereales, margarinas,…)
– Obviamente también existen suplementos que se pueden consumir para optimizar nuestros niveles de vitamina E, aunque es importante en tener en cuenta dos factores fundamentales a la hora de elegir uno:
1. La cantidad de vitamina E que contenga el suplemento, ya que si están en un multivitamínico la cantidad suele ser menor que si es un suplemento “único” por decirlo de algún modo. Los suplementos que sólo llevan vitamina E (o cualquier otro suplemento en general) suelen tener una concentración mayor, incluso, que la dosis diaria recomendada (DDR). En muchos casos se piensa que así me “concentran” las propiedades de la vitamina, pero ya sabemos el riesgo que existe de sufrir hiperitaminosis(menor capacidad de coagulación, con un mayor riesgo de derrames o hemorragias, por ejemplo)
2. Por otro lado hay que tener en cuenta en que forma se encuentra la vitamina, ya que existen 8 compuestos en los alimentos relacionados con la actividad de la vitamina E, y cada una de ellas tiene mayor o menor potencia, actividad,… actuándo de distintas formas en el organismo.
Aunque existen pocos casos, y generalmente relacionados con cierto tipo de enfermedades, si no se consume la suficiente vitamina E lo podemos notar en una pérdida de la sensibilidad de los brazos y piernas, se sufren como pérdidas del control del movimiento corporal, existe debilidad muscular y hay problemas de visión. Obviamente todos estos síntomas pueden ser consecuencias de otros problemas de salud, por lo que consulte siempre con un especialista.

Para acabar con el repaso de las vitaminas os hablaré a continuación de la vitamina K. La vitamina K es también liposoluble y es la gran conocida y temida por aquellas personas que toman anticoagulantes, ya que una de sus principales funciones es intervenir en la cascada de reacciones que se producen para la coagulación de la sangre, por lo que si no se tiene cuidado descompensa los valores del Sintrom®, y eso asusta mucho. Por experiencia propia os diré que en la mayoría de los casos lo que sucede es una falta de datos increíble por parte del paciente, para este tema sería muy largo para abarcar en este post.
La vitamina K se encuentra en una elevada cantidad de hortalizas de hoja verde, hígado, huevos, cereales, fruta como el kiwi o el plátano y aceites vegetales; pero también existe una variante, la vitamina K2 o menaquinona, que es producida por las bacterias que forman parte de nuestra flora intestinal.
Una cantidad deficiente de vitamina K no suele ser habitual, ya que se encuentra en gran cantidad de alimentos que se consumen de forma habitual; y además, al ser liposoluble se acumula en la grasa actuándo como un reservorio. Por el contrario, un aumento de vitamina K si que puede ser preocupante ya que su principal acción ocurre en la cascada de coagulación sanguínea.

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