Natalia Cachafeiro

Psicóloga y estudiante de sexología. Maquilladora profesional. ¿Mi pasión? Escribir a todas horas y analizarlo todo. Sarcástica por naturaleza. Me gustan las series, los libros, los viajes y ver a mis amigos.

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Vamos a empezar por el principio:

¿Qué es el dolor?

Pues bien, el dolor en sus inicios se asoció únicamente con dolores físicos y a heridas, de tal manera que, si no había herida, no había dolor, y viceversa: si no había dolor no había herida.

Esta definición es, cuanto menos, poco adecuada, ya que ahora se sabe que no siempre que haya un problema tisular va a haber dolor, y no siempre que haya dolor va a haber un daño. Porque daño, dolor y sufrimiento son tres cosas y no dos.

Esto nos lleva a la siguiente cuestión:

¿Cuál es la diferencia, entonces, entre dolor, daño y sufrimiento?

El daño es, haciendo referencia al texto de arriba, la herida.

El sufrimiento es una reacción, un estado emocional, como cuando perdemos un ser querido, y puede ser mucho más intensa e insoportable que el dolor físico.

El dolor es, hablando mal y pronto, un aviso que hace tu cuerpo para que te des cuenta de que algo no está bien.

Muchas veces las personas experimentamos dolores físicos sin que haya ninguna evidencia tisular, como respuesta de nuestro organismo a una emoción o un estado mental, lo que se suele llamar (mal) sugestión, placebo, o (bien) somatización.

Pero a lo que vamos:

¿Qué es el dolor crónico?

Pues como su propio nombre indica, es un dolor mantenido en el tiempo durante (dicen los manuales) al menos más de 3 meses después de la adecuada reparación tisular. Pero esto ¿qué quiere decir?

Esto quiere decir que sigue habiendo dolor más allá de la curación del problema, o a veces sin que este haya existido. El cuerpo, en un intento de avisar de que algo no está bien, hace que experimentes esa sensación de dolor, aun no habiendo ningún tipo de daño o habiéndose corregido ya, y generando esto un sufrimiento en el sujeto.

Este sufrimiento, muchas veces se traduce en lo que los psicólogos llamamos indefensión aprendida, que se traduce en ese sentimiento que tenemos a veces de “haga lo que haga, esto no se va a acabar nunca”, y puede acabar desencadenando una depresión clínica por la falta de control sobre la situación. Pero en esto profundizaré en otros posts.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE IR AL PSICÓLOGO?

Pues bien, en estos casos en los que la medicina no puede hacer más, ir al psicólogo es lo más indicado. ¿Por qué? Muy fácil – y no es por meter la pelota en mi terreno –.

Un psicólogo te puede dar las herramientas adecuadas para que aceptes el problema y no te suponga un sufrimiento extra.

Además, esa sensación de desesperanza que pueden tener muchas de las personas que sufren dolor crónico, la llamada indefensión aprendida, puede irse con esta terapia de aceptación.

Como el dolor crónico también puede dar lugar a episodios de depresión, ansiedad o fobias, esto también es trabajo psicológico.

En ocasiones, el mero hecho de ir al psicólogo actúa como placebo del problema y ayuda a mitigar en cierta medida el dolor.

En definitiva, el hecho de que un dolor o un síntoma sea psicológico o aprendido, no lo hace menos real, ni menos doloroso, valga la redundancia.

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