Olga Deleito

Farmacéutica con amplios conocimientos en nutrición y dietética y su relación con distintas enfermedades. Coaching Nutricional acreditado. Nunca me canso de aprender y en esta profesión eso es algo inevitable.

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Por petición de algunos de vosotros, el artículo de esta semana va a ir centrado en el omega 9 también conocido como ácido oleico.

Como ya sabemos el omega 9 es un ácido graso monoinsaturado que se encuentra fundamentalmente en el aceite de oliva, nuestro oro líquido de la dieta mediterránea.

Una de las características más destacadas del omega 9 en relación al 3 o al 6 es que, el ácido oleico sí que puede ser sintetizado por nuestro organismo, no siendo así un ácido graso esencial. A partir del ácido palmítico y tras sufrir una elongación y posterior desaturación, podemos obtener el ácido oleico. En las plantas esta cascada de reacciones puede seguir y sintetizar también ácidos grasos omega 3 y 6, pero sólo en las plantas, por lo que ellas si son capaces de “fabricar” esos ácido esenciales para nosotros.

Como ocurre con el omega 6, el omega 9 podemos encontrarlo de varios tipos, destacando: el ácido oleico (18 átomos de carbono), el ácido galodeico (20 átomos de carbono) y el ácido erúcico (22 átomos de carbono).

Pero lo que realmente nos interesa es saber en qué nos beneficia consumir este tipo de grasas. Como ya vimos existen las grasas “buenas” o saludables y las grasas “malas”, por lo que ya podemos diferenciar las grasas y no eliminarlas de nuestra dieta. Obviamente, ni que decir tiene, que todas las grasas son muy calóricas, por lo que la cantidad debe ser pequeña (6 cucharaditas de té al día).

¿Y tan poca cantidad qué beneficios nos puede aportar?

El omega 9 es una ácido graso monoinsaturado con propiedades muy comunes a las de el resto de los omegas que ya hemos visto.

  • Favorece el aumento del colesterol bueno (HDL) y disminuye los niveles del colesterol malo (LDL). Gracias a ello conseguiremos disminuir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, problemas de circulación, cardiopatías isquémicas o arterosclerosis (acumulación de colesterol en las arterias).
  • El omega 9 es una grasa que está presente en nuestras membranas celulares y en los vasos sanguíneos. Junto con los antioxidantes que contienen los alimentos, contribuye a la reducción de la tensión arterial, siendo muy recomendable en personas que padecen hipertensión, problemas de circulación, piernas cansadas o varices.
  • El cerebro humano está compuesto principalmente de grasas, por lo que la calidad de las grasas que consumimos en nuestra dieta influirá en la función cerebral. Por ello, una dieta rica en omegas 9 pueden ayudar a combatir las enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer.
  • Además, y también relacionado con el papel de los ácidos grasos en las funciones cerebrales, los ácidos grasos omega 3, 6 y 9 cuando se consumen en la proporción adecuada pueden calmar los nervios y la ansiedad.
  • Este tipo de grasas mantienen los intestinos lubricados, lo cual mejora el tránsito intestinal, ayudando a aliviar problemas gastrointestinales como el estreñimiento, reflujo colitis ulcerosa o diverticulitis.
  • El omega 9, además, se considera un antiinflamatorio natural cuando actúa en equilibrio con los omegas 3 y 6. En equilibrio se consigue acelerar la recuperación de la piel inflamada y los procesos de cicatrización, aliviando el dolor de la artritis y el reuma, entre otras.
  • Por regla general, los alimentos que contienen estos ácidos grasos son muy ricos en antioxidantes, aportando su pequeña actividad antienvejecimiento, favoreciendo la elasticidad de la piel o reforzando la fragilidad capilar.
  • A pesar de que nos pongamos a dieta para una reducción de peso, no es recomendable eliminar los aceites vegetales ni los frutos secos; es más, es un buen sustituto a las galletas para la merienda. Aunque es verdad que son altamente calóricos, proporcionan sensación de saciedad y disminuyen el apetito.

Hemos hablado en varias ocasiones del equilibrio de los omegas 3, 6 y 9. Pues bien, ahora que ya hemos visto todos en profundidad vamos a conocer esta relación.

Lo más importante para entender el equilibrio entre los omegas 3 y 6 es saber que comparten la misma ruta metabólica, la cual se encarga de transformarlos en prostanoides en el caso de los omegas 6 y en EPA y DHA en el caso de los omegas 3. Y se influyen ya que el exceso de un tipo de grasa, va a inhibir el metabolismo de la otra. En nuestra alimentación actual se encuentra en mayor ingesta el omega 6, el cual hará que se fabrique el ácido araquidónico que es precursor de prostaglandinas con efectos inflamatorios, coagulantes y vasoconstrictores.

Es por ello la importancia de que se consuma en una relación omega 6:3 menor de 4:1. Tras múltiples estudios se determina una ratio de omega 3, por lo menos, del doble que de omega 6 y 9, por lo que una buena ratio de omega 3:6:9 sería 2-4:1:1

Espero haber satisfecho todas vuestras dudas con respecto al omega 9 y en mi próxima publicación me extenderé en los alimentos en los que podemos encontrar estos ácidos grasos.

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