Olga Deleito

Farmacéutica con amplios conocimientos en nutrición y dietética y su relación con distintas enfermedades. Coaching Nutricional acreditado. Nunca me canso de aprender y en esta profesión eso es algo inevitable.

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Seguro que en algún momento de vuestra vida habéis pensado hacer una de esas dietas milagro o incluso habéis llegado a realizarla. Si es así ya sabéis que su efecto rápido es a costa de la salud, y que al final sufrimos el llamado efecto rebote.

No seré yo quien os diga lo que debéis hacer o no, pero en innumerables ocasiones, y siempre que tengo la oportunidad, os pido mucha cautela con lo que leéis por ahí, ya que no es oro todo lo que reluce.

En esta ocasión quiero explicaros las fases que sufre el organismo al privarlo de proteínas, carbohidratos y grasas, y haciéndole consumir menos de 1000 calorías al día; y así espero que acudáis a un profesional siempre que queráis experimentar algo radical.

Al principio. Normalmente empezamos las dietas desde el desayuno, por lo que nuestro organismo acaba de pasar por un estado de hambruna largo. Si comenzamos dietas basadas en el consumo de frutas, batidos o verduras (que es lo normal de las dietas milagro), lo primero que detecta nuestro cerebro es un tsunami de azúcar. Al detectar ésto el cerebro da orden al páncreas a segregar insulina para transportar el azúcar hacia las células.
A los 30 minutos aproximadamente, las células están absorbiendo la glucosa transportada y los niveles en sangre comienzan a bajar. Si es el primer día no pasa nada, pero si la dieta es larga y ésto pasa en el día 5 o más, lo más seguro es que notes como un mareo. Además, tras días con falta de calorías, el cuerpo ha consumido ya el glucógeno que guardaba como fuente de energía rápida (almacenado en los músculos y en el hígado).

Al cabo de dos días de dieta. Cada vez que consumes zumos, los niveles de insulina se disparan para transportar la glucosa, pero al cabo de pocos minutos cae de forma rápida. El glucógeno almacenado ya se ha consumido, por lo que el organismo tiene la “despensa vacía”, y experimentamos sensación de debilidad y cansancio continuo. Al no consumir las calorías que necesita el organismo, éste tira de otras dos fuentes de energía: los triglicéridos y las proteínas. Que consuma triglicéridos es justo lo que busca este tipo de dietas, ya que es lo que conocemos como grasa almacenada, pero las proteínas las saca de su almacén particular, que son los músculos.

Llegó el tercer día y tu cerebro lo nota. El principal sustento del cerebro es el azúcar, pero al tener que compartirlo con el resto del organismo él entra en modo de inanición. En este punto no le queda más remedio que alimentarse de cetonas, que son productos de la metabolización de la quema de las grasas. Las cetonas funcionan pero con una calidad peor, por lo que nos sentimos desconcertados e irritables. La falta de aminoácidos procedentes de las proteínas también la nota el cerebro, ya que son básicos para los neurotransmisores y mantienen estable el estado anímico.
Las proteínas que se encuentran almacenadas en los músculos son consumidas, produciendo amoniaco y ácido úrico, que aumentarán sus niveles en sangre, lo cual no es nada aconsejable.
Por todo ello, los riñones están trabajando a máximo nivel para desintoxicarte de los productos de deshecho que se está fabricando.

Después del cuarto día en el que no hay alimento sólido, el intestino se empieza a atrofiar ya que las microvellosidades que lo cubren están encargadas de absorber nutrientes, pero no les llegan.
Puede ocurrir que sufras diarreas que vayan empeorando así que debes tener cuidado con la deshidratación.

A partir del octavo o décimo día por fin volvemos a ingerir comida sólida, pero tenemos un problema, y es que ya no tenemos músculo. Aunque llevemos a cabo unos hábitos alimenticios saludables, al tener poca masa muscular, lo más probable es que el cuerpo quiera almacenar la energía y lo hará en forma de grasa. Es justo ahora cuando aparece de denominado “efecto yo-yo” de las dietas tan estrictas.

 

Hacer-dieta-medica-para-evitar-el-efecto-yo-yo

Por todo ello, mi consejo “nutrisanitario” de la semana es que los extremos no son buenos, para hacer una limpieza podéis realizar dietas detox de forma limitada (yo no recomiendo más de 3 días). Y obviamente, en caso de realizar alguna dieta extrema, siempre hacedlo bajo la supervisión de un profesional, ya que como habréis podido apreciar, es muy fácil saltar la línea de lo saludable a lo insano.

Si el artículo de hoy os a suscitado nuevas dudas me encuentro a vuestra total disposición, comentar vuestra duda y en el menor plazo posible os la contestaré encantada 😉

 

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