Natalia Cachafeiro

Psicóloga y estudiante de sexología. Maquilladora profesional. ¿Mi pasión? Escribir a todas horas y analizarlo todo. Sarcástica por naturaleza. Me gustan las series, los libros, los viajes y ver a mis amigos.

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Y quien dice con tus hijos, dice con cualquier niño. 

Hay adultos para los que este tema es difícil, así que aquí te dejo una serie de consejos que igual te ayudan.

Ojo, son consejos generales, no es una Biblia que seguir punto por punto. Ante la duda acude siempre a profesionales de la sexología.

Comenzamos:

  • Llama a las cosas por su nombre (o al menos déjaselo claro)

La mano se llama mano, y eso el niño lo sabe. El culo se llama culo, aunque luego lo puedas llamar pompis. Esto no siempre se hace con los genitales, y está mal hecho.

Algo muy importante es que los peques de la casa sepan cómo se llama lo que tienen entre las piernas, sea lo que sea. Que el pene se llama pene, y la vulva, vulva. Luego podréis poner todos los motes que quieras (pito, chichi, peseta, pirulín… lo que queráis).

  • No tengas miedo a enseñarle cuerpos desnudos.

No hay ningún problema en que un niño vea a sus padres desnudos. No se van a traumatizar, salen de muchas dudas y es probable que eso te evite preguntas que igual te resultan incómodas. 

A Donald le da vergüencita y no pasa nada.

Hay padres que no tienen ningún problema con la desnudez y a otros les da apuro que sus hijos les vean desnudos. Si este último es tu caso, no te preocupes y no te fuerces. No es necesario forzar la naturalidad, de hecho, eso puede ser contraproducente porque los niños lo notan.

Conozco el caso de un amigo que llevaba a su hijo a una playa nudista. Otros regalaron libros y materiales*. Al final es todo buscar la solución que te encaje.

Piensa en un momento, de hecho, en el mensaje que envías. Los niños no son tontos, son como esponjas y percibirán la connotación que tú le des a las cosas.

  • No tengas miedo a contestar a todas las preguntas que te hagan.

Lo importante es la manera en la que respondes. Grábatelo en la mente.

Hay tres claves que debes seguir para contestar bien a las preguntas de tu hijo:

Tres, aunque puedan parecer más.
  1. Contéstale. Siempre.
  2. Se sincero.
  3. Se claro, sencillo y concreto.

Al igual que antes, piensa en lo que percibe tu hijo cuando no le contestas a una pregunta. Los niños no son tontos, entienden. Si tú no les contestas, preguntarán a otra gente, pero tú estarás perdiendo tu estatus de referente. Además, no sabes a quién le puede preguntar y qué le va a decir esa persona.

Lo mismo ocurre si les dices algo que no es cierto. Se acabarán enterando tarde o temprano, porque los niños hablan mucho.

Ya te lo dice el genio: Dile. La. VERDAD.

Los padres suelen tener miedo a pasarse. Puedes explicarle a tu hijo todo lo que quieras, pero si le das una explicación muy larga sobre algo que no entiende (y esto es aplicable a todos los ámbitos) sólo le generarás más preguntas. Aunque es mejor ser escueto,  lo peor que te puede pasar si te pasas, es que te esté preguntando mucho por un tema.

  • Antes de alarmarte, habla con ellos

Hay una cosa muy, MUY importante en este apartado.

Los niños, no dejan de ser niños, y muchas veces no saben cómo explicarse, o dicen cosas de manera que a los adultos nos alarma. Antes de alarmarte, pregúntale SIEMPRE por qué pregunta eso, de donde ha sacado esa palabra, y luego escoge la respuesta más adecuada.

Por ejemplo… si tu hijo te pregunta qué es un cabrón, pregúntale de dónde ha sacado esa palabra. No es lo mismo que te diga que se la llamaron en el colegio, que te diga que oyó a su padre saludar así a un amigo. La explicación va a cambiar. Luego respóndele algo sencillo como “es el macho de la cabra, pero a veces se utiliza como insulto, e insultar está mal”. Fin.

Otro ejemplo, si te pregunta qué es follar/el sexo/etc., después de preguntarle de dónde lo ha sacado, déjale claro que es algo que hacen los mayores. Si le dices “es algo que hacen las parejas” verás que risa en el cole al día siguiente con la palabra para arriba y para abajo.

  • No des connotación erótica a todo lo que hacen los niños.
Nop.

Si un niño se toca el pene, es porque es niño, no tonto. Explorándose, ha descubierto una zona que, si la estimula, le da gustito.

Ya está, no le des más vueltas. Es como cuando le pica un pie y se lo rasca.

Está claro que a medida que crezca tienes que dejarle claro en qué contextos puede hacer eso y en cuales no. Puedes aprovechar para explicarle lo que es la privacidad y en qué zonas puede tenerla (su habitación, el baño, etc.). 

  • Intenta no caer en estereotipos

Si tu hijo quiere un vestido por reyes, no le pongas mil trabas.  Solo va a ser un niño con un vestido. Alejémonos de “rosa es de niñas y azul es de niños”.  

Que no tenga la percepción de que está mal que le gusten determinadas cosas, son gustos y sobre gustos no hay nada escrito.

Lo demás, ya se verá.

  • Escúchale y si es necesario o lo ves muy difícil, pide consejo.
Si te atascas como Yago, pide ayuda.

Si tu hija María te dice que no es María, que es Mario, escúchale. Si no sabes como afrontar esto o tienes dudas, pide ayuda a personas cualificadas.

Hay padres que no quieren pedir consejo porque consideran que entonces serían un fracaso como padres. Pidiendo ayuda demuestras que te preocupas por tu hijo, y al final es de eso de lo que se trata. 

Ante estas situaciones, en Asturias tenemos la suerte de contar con la Asociación Asturiana para la Educación Sexual (Astursex) (ig: @centrodeatenciónsexualdeaviles), además del Instituto de Sexología de Asturias (ig: @cfcabruñana). Tienen sede en Avilés, y puedes contactar con ellos a través de sus redes sociales. Te responderán cuanto antes.

Si no eres de Asturias, podrán responderte dudas y recomendarte profesionales cerca de ti. También puedes recurrir a la página de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología, en la que hay un mapa que te dice dónde hay un sexólogo más cerca de ti. Aunque hay muchos que no aparecen, es una buena referencia. 

Es muy importante que quien te ayude tenga formación a sus espaldas, ya que la información sin formación es un estropicio. 

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